Diario del Último Bufón
Pensamientos volanderos,leves soplos de letras
25 mayo 2012
Ana
Hace todo y todo lo hace bien...¡Brindo por poder compartir tus segundos, tus primaveras!
05 mayo 2012
Homo Erectus
No veo apenas nada más que figuras verdes moviéndose de un lado para otro. Para las pruebas me han quitado las gafas y no distingo nada bien. Únicamente a la anestesista que es morena y muy guapa, soy capaz de identificarla y es porque se ha acercado a explicarme que van a pincharme un sedante para que no tenga dolor alguno durante el proceso. La sigo un poco con la mirada en su constante ir y venir entre todas las camas que hay en esta sala. Me siento observada, me dice. No se preocupe que soy miope. Hay un frío blanco en la sala y a mi solo me han tapado con una sabanita que no me llega ni a los hombros. No me extraña que los virus no aguanten esta asepsia, con lo a gusto que se está fuera en el calor del naciente verano.
Tras un rato de idas y venidas de muchas figuras difuminadas, se acerca el doctor a mi cama. ¿No irá usted a operarme?. No, todavía no; primero hay que hacerle unas pruebas para comprobar el estado de las cosas; lo que ocurre es que el protocolo indica que, las extracciones de tejido y demás comprobaciones, han de hacerse en quirófano.
Me explica el proceso. Tienen que extraer un poco de tejido de la médula para comprobar, me dicen, si ha habido alguna mutación genética, cromosómica o proteínica "contra evolutio". El resto son tecnicismos que, por más y mejor voluntad que ponga el doctor en explicarme, creo que jamás entendería.
Amigo, me dice finalmente, vamos a comprobar porque usted camina erguido, cuando todos sus congéneres humanos no lo hacen ya. Creemos que es el único caso en el mundo; todo el género humano caminando otra vez "agachado" tras millones de años y...¡pop!, de repente, en pleno siglo XXI un señor que camina erguido. No dirá que no es un caso a investigar...seguro que se sentía raro cuando iba por la calle.
No, sí, si yo...
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Mayo 2.012,
Relato,
Variaciones
11 abril 2012
Tésis (que he encontrado por ahí)
Jean Philippe Marouac es considerado por los críticos y expertos en arte como el fundador del realismo tal y como lo conocemos en la actualidad. Sus cuadros gozan del privilegio de la mirada, la perspectiva, e interpretación que su autor hace de la realidad que le rodea. Además la época que le tocó vivir era propicia en acontecimientos y se prestaba dulcemente a ser retratada. El París de finales del XIX y principios del XX constituía para nuestro autor, un enorme lienzo en el que plasmar o del que coger toda su fuerza creativa; su potente pincelada, casi violenta en los albores de su carrera, igual refleja a la alta burguesía, con sus señoras y sus criadas (por cierto, muchas de ellas españolas), que a la más mísera prostituta del Montaparnasse. Con sus cuadros Marouac se convirtió en un testigo de excepción de una época, comienzo de la melancólica y maravillosa decadencia que es París en la actualidad; si bien, no fue conocido, ni estudiado, ni apreciado al "no aportar nada significativo a los movimientos de vanguardia al uso de la época" (Modernisme á Paris, un art decádent, E. Blesson, Editores Reunidos, 1968, página 315). Era lógico, entre la diversidad de las vanguardias, la totalidad de movimientos pictóricos, podríamos decir, de fachada, porque duraron poco o nada para la influencia que se les ha querido dar después, Marouac era lo más parecido a un fotógrafo, pintaba realidades.
Es, sin embargo, a partir de los años 80, cuando, ante el inexplicable auge que tienen las instalaciones y la pérdida de rumbo que toma la pintura como tal, cuando se descubre o redescubre a este genio de la normalidad. Y todo, a raíz de un misterioso personaje que se halla en todos sus cuadros. Es un transeúnte que, unas veces aparece de espaldas, otras mira un escaparate distraído, toma un café o un vino en un cenador, sentado frente a un periódico, otras mirando al pintor mientras este "toma" su fotografía...Y decimos que misterioso porque, al momento de redactar esta tesis, ninguno de los autores estudiados, y que serán referenciados oportunamente en la bibliografía de este ensayo, han dado cumplida y certera explicación de ese personaje. Los más creen que se trata del propio autor que juega a introducirse en sus cuadros al modo que lo hiciera Velázquez en Las Meninas. No se comparte esta opinión, por cuanto en nada se parece físicamente al autor y porque, razón fundamental, el propio Marouac, no sabemos si jugando al despiste, lo negó en la única entrevista a TF1 de él conocida. Lo cierto es que ese transeúnte de traje gris, constituye en casi todos los cuadros el punto de fuga por el que " se escapa o diluye" el cuadro. Una vez hallado ese personaje, lo demás se borra, se difumina y pasa a un segundo plano. Esté o no mirando al espectador, cobra una fuerza inusitada constituyéndose en el elemento central del cuadro que, a la par, dota al mismo de una equilibrada estructura y da sentido al resto del lienzo. [...] (Hombre de Gris, Redescubriendo a Marouac, Univ. Autónoma de Chile, año 1998)
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Abril 2012,
Escenarios,
Variaciones
27 marzo 2012
Día Internacional del Teatro
Dramatis Personae.
- Bobé, el pianista del "tudo bem"
- Pepe, extremeño hemipléjico.
- Javier, desesperanzado habitual, tomando chocolate a primera hora de la noche.
- Un camarero.
- Un televisor con el sorteo del Euromillón puesto.
Salón-cafetería de la primera planta de un hotel de cinco estrellas. Es la primavera portuguesa. La noche se cierne ya, fresca y fragante sobre la capital del Tajo. Bobé comprueba su boleto antes de marchar a casa y habla con Pepe que apura su whisky antes de subir a su habitación. Gasta silla de ruedas porque cayó mal en la mili en un entrenamiento con los paracas. A pesar de eso sigue tirándose desde el avión.
Javier espera a que se enfríe un poco el chocolate que toma todos los días desde su extrañamiento en Lisboa y apura un pasteis de Belem que acompaña a la bebida.
El camarero hace que recoge y limpia, aburrido.
El televisor suena a bolitas con números y a sorteo.
Fuera parece que truena. La suerte ha vuelto a pasar de largo.
pd. Día mundial del teatro. Día mundial de la vida. Esto lo dedico hoy a Antonio Tabucchi, gran enamorado de Lisboa también y que esta semana se ha convertido en mito.
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Escenarios,
Marzo 2.012,
Vidas Ajenas
08 marzo 2012
8 de Marzo
Llega otro año más el 8 de marzo y explota en violeta la totalidad de la península ibérica. La realidad poliédrica que es la mujer y su mundo, y sus cosas, asaltan los telediarios y los medios. Error. No son "sus" cosas, son las nuestras, las de todos y todas y más allá de las grandilocuencias de los políticos, del humo que se vende en muchos puestos, lo único que veo es que hay mucho, mucho por hacer, ponerse el mandil y a trabajar por la igualdad, algo que quizá solo se logre con una verdadera insumisión femenina. La declaración más inteligente que he oído esta semana, la de la Comisaria Viviane Reding (algo que llevo yo sosteniendo hace tiempo) no me gustan las cuotas pero funcionan (ha venido a decir). Y me ha parecido la más interesante porque el cambio que pretendemos para las mujeres de todo el mundo ha de partir de nuestra parcela, cuando hayamos arreglado nuestro cómodo apartamento, podremos exportar bienestar y mejoras y democracias. Otro ejemplo que emociona por su valentía. Por desgracia, queda mucho por hacer y mañana será otro día internacional de lo que sea y muchos aparcarán el violeta-esperanza y trabajo hasta el año que viene. Yo no. A trabajar.
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Causas Perdidas-Batallas Ganadas,
Marzo 2.012
06 marzo 2012
Verde
Mis recuerdos de infancia son verdes. Del mismo color que los muebles y las densas cortinas que cubrían las ventanas que daban a la calle. La habitación tenía una cama vieja que perteneció a la abuela y en la que, según creo, terminó sus días. Allí estuve yo postrado dos años por mis problemas de columna. Al principio de estar e, imaginándome a la abuela en la cama expirando, me sentí unido a ella, pensando que esa cama iba a ser el anticipo cómodo, de latex o viscolástica de un féretro...para los dos. Para mi alivio, al momento de escribir estas palabras, no ha sido así. Recuerdo particularmente las siestas en el invierno cuando el sol comenzaba a entrar por la ventana, en un lapso de una hora, se llegaba a la almohada y se quedaba un ratito calentando el cuerpo y el espíritu. Luego se despedía lenta pero amablemente y seguía su recorrido universal hacia otros lugares. Fuera podía hacer mucho frío que, a la hora de la siesta, entre las 3 y media y las 4 y media, el sol pasaba a visitarme. Desde mi posición de firmes, tumbado, con el corsé atado a la cama y sujeto al techo con unas cuerdas y una polea, antes de que llegara el sol, atisbaba un trozo de cielo, azul las más de las veces, gris, otras, perlado de amatista en los atardeceres. Yo no me podía mover, pero el universo seguía haciéndolo por mí. A través del cuadrado de ventana intuía algo parecido a la vida; oía conversaciones que había en la calle, el ladrido de los perros, otros niños o mis amigos, jugando en la calle...el resto me lo imaginaba....
Siempre he pensado que tenía suerte, porque la habitación de un enfermo no puede ser verde. Blanca sí, a lo sumo con algún tono azul; y sin espacio apenas. En una mesilla, un perenne vaso con agua para tomar las pastillas contra el dolor, un bajoplato y la jarra, de cristal, más o menos moderna, con un trapito para taparla o una tapa de plástico de las de ahora, dependiendo de la época.
En la otra mesilla, los libros, los cuadernos, los deberes, las lecturas obligatorias, que el homeschooling no está admitido legalmente en España, es una especie de cannabis educativo. Y junto a los "aperos" de enseñanza, los otros libros, los de verdad, los que salían por el recuadro azul que era el cielo reflejado en la ventana y me llevaban fuera de la cama, más allá de la casa y de mi defecto-cuerpo. Entonces no había televisión; bueno no había para tener dos televisores en todas las casas. Había en el salón y punto, núcleo familiar desde que la caja tonta se convirtiera en algo así como una prima charlatana: una más de la familia.
Yo mientras tanto arriba, siempre arriba, tabla-cuerda y rigidez; escuchaba las conversaciones y veía a mi madre desvivirse por el hijo postrado en un constante ir y venir de la habitación verde a todas las demás partes del mundo.
Durante esos dos años mi mundo fueron los pasos sibilantes de mi madre, el azul del pequeño rincón de cielo que me había tocado en suerte y el verde, verde siesta, verde convalecencia, verde...
Siempre he pensado que tenía suerte, porque la habitación de un enfermo no puede ser verde. Blanca sí, a lo sumo con algún tono azul; y sin espacio apenas. En una mesilla, un perenne vaso con agua para tomar las pastillas contra el dolor, un bajoplato y la jarra, de cristal, más o menos moderna, con un trapito para taparla o una tapa de plástico de las de ahora, dependiendo de la época.
En la otra mesilla, los libros, los cuadernos, los deberes, las lecturas obligatorias, que el homeschooling no está admitido legalmente en España, es una especie de cannabis educativo. Y junto a los "aperos" de enseñanza, los otros libros, los de verdad, los que salían por el recuadro azul que era el cielo reflejado en la ventana y me llevaban fuera de la cama, más allá de la casa y de mi defecto-cuerpo. Entonces no había televisión; bueno no había para tener dos televisores en todas las casas. Había en el salón y punto, núcleo familiar desde que la caja tonta se convirtiera en algo así como una prima charlatana: una más de la familia.
Yo mientras tanto arriba, siempre arriba, tabla-cuerda y rigidez; escuchaba las conversaciones y veía a mi madre desvivirse por el hijo postrado en un constante ir y venir de la habitación verde a todas las demás partes del mundo.
Durante esos dos años mi mundo fueron los pasos sibilantes de mi madre, el azul del pequeño rincón de cielo que me había tocado en suerte y el verde, verde siesta, verde convalecencia, verde...
28 febrero 2012
Los Patos de Central Park
Ahora, con el borboteo de la cafetera como sintonía de fondo de mi mañana, escucho las noticias que una presentadora muy guapa lee apresuradamente con los ojos fijos mirándome. No me gustan las noticias de la mañana aquí, en España. A las nueve de la mañana aún no ha pasado nada y lo único que reflejan los informativos como los espejos del Callejón del Gato son noticias del día anterior, mascadas, pero envueltas en el papel de regalo nuevo de la mañana; en la era de la información son viejas ya. Además no cuentan con el reposo que tienen las de los periódicos, que también te cuentan las noticias del día anterior, pero con el sosiego que otorga, haberse sentado el redactor en su mesa y en su silla, haber encendido el ordenador y haberla redactado: es una viva voz argumentada.
Cuando estaba en Nueva York, la rutina era la misma, pero los informativos de las 8 o las 9, tenían una enjundia y un peso del que carecen aquí. Siempre los veía antes de ir a La Institución. Allí, sí pasaban cosas. En España tengo la impresión de que el tiempo pasa más leeento, pasan menos cosas, pero las siento más reales. De todos modos, echándome el café todas las mañanas no puedo evitar pensar, al mirar la hora, que ahora mismo estaría abriendo sus puertas La Institución; o comenzando a entrar gente en Wall Street; o abriendo la biblioteca de la universidad y su bibliotecaria, española, comenzaría a colocar los libros que los estudiantes habían dejado por las mesas de consulta y los sillones de lectura. A esta hora, los patos de Central Park comenzarían a salir para ir buscando gentes que les echen pan para el desayuno.
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Febrero 2012,
Vidas Ajenas
08 febrero 2012
Motown Records
Verdaderamente la confesión no tiene la más mínima importancia, la hice en la penúltima edición de los Grammy (esa decadente mezcla de histrionismo y pop sin instrumentos) y el revuelo que se armó fue muy gordo, aunque no era para tanto o para nada. Además, los periodistas, amasadores de realidad, llevaron mis palabras mucho más allá de lo que realmente decían. Cuando dije que Stevie Wonder no tocaba el piano en ninguna de sus actuaciones públicas en televisión, no insinué que no lo tocara nunca, sino que en sus actuaciones en televisión, desde que el mundo es mundo, no tocaba el piano. Pero el resto sí que era en directo. Los demás sí que tocábamos. Él por el contrario, se limitaba a cantar y hacer como que tocaba, pero los teclados no sonaban; o no estaban conectados, los eléctricos; o pedía expresamente que no le pusieran micrófono al piano para que ni una mota de sonido saliera de sus dedos durante la actuación.
Esto no quiere decir, como en el Daily Post llegué a leer, que fuera un farsante. En el estudio de la Motown Records, lo podías encontrar siempre delante de un piano o un teclado arrancándole quejidos antes de los ensayos y las grabaciones. De una simple nota, era capaz de hilar toda una canción que, si se daba bien, podíamos grabar esa misma mañana. Vaya si tocaba. Además, durante los ensayos, cuando giraba la cabeza era para comprobar que el bajo sonaba perfectamente como él lo imaginaba; que las guitarras gritaban con la coquetería soul de una mujer sureña y que los metales (sobre todo trompetas) olían a New Orleans y sonaban a su bourbon. Todo tenía que ser puro, como en su cabeza. Y como lo pensaba, lo grababa, con la perfección de sonido del batir de las alas de una mariposa, con la perfección del viento entre los pinos o la respiración de un bebé...
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Febrero 2012,
Relato,
Vidas Ajenas
30 enero 2012
Pollock
¿Cómo definiría yo mi pintura? Fractal, mi pintura es fractal. Se ve igual en una pequeña proporción o porción de cuadro, que en un cuadro por completo, o en un enorme mural como el que estoy elaborando y que ahora ocupa casi toda mi cochera. La verdad es que sin ser famoso y sin haber tenido nunca una exposición, puede ser un poco presuntuoso, pero yo compararía mi obra (y eso que solo tengo dos cuadros) a la de Jason Pollock. Sí. Eso es. Pollock. Por eso dejé el taller al que iba con otros principiantes, porque mis ideas eran otras. El primer año habíamos empezado con dibujo cuando lo que a mí me interesaba era ya el óleo. Mis compañeros me miraban raro, pero es que yo estaba más allá. Lo que a mí me interesaban eran las matemáticas, las ciencias, buscar en la pintura una exactitud no figurativa, "numerizar" los sentimientos; que lo que alguien sintiera al ver un cuadro mío se pudiera objetivar y transformar en una cifra, pasar a un lenguaje binario. No me interesa la tercera dimensión, ni la profundidad de lo real. Mi pintura y yo, vamos más allá del sentimiento. No quiero provocar sensaciones como esos jovenes pintores de ahora creen que debe ser el arte; no quiero exaltar sentimientos. Quiero hacer pensar, llegar a la parte más numérica y automática del cerebro del observador. Quiero "lo plano", lo númerico, lo matemático, porque eso es lo más real que hay en el mundo y lo más cerca de dios que puede estar el hombre, si es que existe.
31 diciembre 2011
Feliz 2012 ¿o no?
El día era muy frío como, por otro lado, corresponde a la época en la que estamos, el último invierno. Las calles estaban abarrotadas de gente con sus particulares quehaceres diarios, con sus compras navideñas, con sus ilusiones puestas en estas fechas o sus anhelos puestos en lo venidero. Me entré en una cafetería del centro y me senté en una mesita cuadrada junto a un gran ventanal desde el que podía ver las carreras y andares de la gente, vislumbrar sus llamadas de teléfono, sus gestos y, sin oír nada, podía imaginar lo que estarían contando o gritando.
El camarero apareció. Le indiqué que tomaría un café con leche y uno de los bollos que tenía en la barra. En la mesa de al lado, dos señores o chicos (que no sé bien, porque uno ya está entrado en años, muchos), hablaban en un tono un poco alto, acerca de la cosmogonía, teogonía, la creación de los mitos, el caos inicial y el orden del mundo actual y su fin. Por segunda vez el camarero apareció ante mí, esta vez con mi café con leche y mi bollo. Esparcí despacio el azúcar y comencé a removerla, más atento a la conversación de la mesa de al lado que a la propia acción de disolver el polvillo blanco. Los dos hombres seguían departiendo acerca de las creencias, que si por qué no creíamos a los chamanes y aztecas y sí a lo establecido en la ley de dios; que si tenían el mismo valor; que si la concepción lineal de la historia de la religión cristiana y, otra vez, que si el fin del mundo, que según los aztecas y su calendario era para 2012. O sea que, en 2012 todo se acaba. Suponían, ellos dos, que el fin vendría por algún dedo mal apretado en alguna arma termonuclear; ya saben, Corea, Irán, etc... o por la rebelión de los hambrientos o por la falta de agua...ese iba a ser nuestro fin del mundo, tal y como lo conocemos...Pedí la cuenta y la aboné al instante con el importe justo.
Me abroché la gabardina negra y me acerqué a la mesa en la que estos dos "arreglaban" el mundo. Se están equivocando. En verdad os digo que el fin del mundo es, efectivamente en 2012, y que no se tendrán que preocupar por las causas, llegará y punto. Será un fundido en negro, como cuando se acaba una emisión (les dije por hacer un simil que pudieran comprender) y sin carta de ajuste. Fundido en negro y todo habrá acabado. YA ESTA. YO LO SE. Y salí para siempre de la cafetería. Ni siquiera me volví a ver sus boquiabiertos gestos.
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